Hoy, 19 de Julio, Soledad Bargna cumpliría veinte años. Hoy sus seres queridos, deberían poder fundirse en un abrazo eterno junto a su ángel, y no padecer de forma cruenta el despojo anticipado que les tocó vivir.

La legislación, la justicia, las autoridades; muchos eslabones fueron parte de esta cadena innecesaria que llevó a la nada, pero eso no es lo que vale recordar en este dia. Hoy vale tener presente la sonrisa fulgente que el rostro de Soledad dibujaba a cada momento, sus ojos llenos de esperanza, el amor recibido, los pasos caminados. Porque esta lucha, nace de la fuerza que ella cargaba e injustamente le tocó delegar. Porque somos conscientes que como seres humanos, a partir de una dolencia personal, podemos transformar la energía del desgarro en voluntad de cambio, y este dolor inmenso en persistencia inquebrantable.

Para acercarnos a la raíz de este árbol que continúa ramificándose en una lucha por un cambio para todos, compartimos a continuación, una carta escrita por el padre de Soledad, Guillermo Bargna.

Los invito a recordar el cumpleaños número veinte de nuestra princesa leyendo las palabras de su padre, acompañando espiritualmente a su familia y amigos, y ayudándonos a construir sin olvido.



CARTA A NUESTRA SOLE

Tenía tres luceros en el cielo de mi vida.
Hoy uno de ellos, es una luz tenue que, de vez en cuando, toma la luz brillante y destellante de un cometa.
Espero ansioso cada anochecer para verte aparecer con toda tu luz.
Cuando el trabajo del día afloja, ahí aparecen los dulces recuerdos.
Son dulces, pero son también tristes por no poder nosotros seguir compartiéndote.
¿Quién puede dejar de pensarte como nuestra bebé?
Fue hace 20 años, la gloriosa noticia de otra nena en la familia, mi familia, nuestra familia.
Creciste entre piruetas, sonrisas, llantos, todo lo que da un niño cuando va creciendo.
Cada día que pasaba, vos imponiendo tu carácter, tu tesón, tu aprender siempre demostrando poderlo todo sola.
Y llegaste un día a Caballito. Empezaste a construir en muchísimas personas un recuerdo que perdurará a través de los años.
Tus colegios, tus esquinas, tus recitales.
Aprendimos a conocer y compartir tus amigas y amigos.
Empezamos a comprender porqué, tu primera melliza despareja, la banda de la esquina, las combo, tu segunda melliza.
Qué eran el Bordo, las Pastillas del abuelo, Callejeros, todo lo que te apasionaba, lo asimilábamos y compartíamos con alegría y temor también.
Cada año, cada viaje, cada cosa nueva vivida a través de tus relaciones sociales, creadas de la nada y que terminaban en intensos desarrollos, que acababan en amistad.
Cómo crecían los amigos. ¡Qué carga y que visión la tuya el saber quién iba a corresponder y serlo!
¿Porque siendo tan crítica como eras, fueron tantos? ¿Qué veían en esa personita las más veces tan divertida, pero otras, tan seria?
¿Y como tener una barra de amigos que te trataban como una más, como la más compinche de todos?
Invadías sus vidas, te adueñabas de sus sentimientos, conseguías calar hondo en todos ellos. Pudieron seguir siendo o no tus amigos, pero ya los habías marcado para siempre.
Había un antes y un después en la vida de cada uno de ellos.
Terminabas siempre siendo confidente de tus amigas y amigos. Te cargabas con las alegrías y las preocupaciones de los demás. Y vos tenías las tuyas, que a veces compartías y otras veces guardabas en el fondo de tu alma. Rigurosamente guardadas, como quien guarda una reliquia que no debe ser encontrada.
Pasabas como una gacela por el mundo y nuestro mundo. Nunca parabas realmente. Un susurro tus pasos, tus movimientos, pero qué pisadas dejaban.
Te tocaron momentos feos, pero muchísimos momentos hermosos.
Tus ideales, tus sueños, siempre los querías compartir con alguien.
Te cuidamos, te enseñamos a cuidarte, pero un ser despiadado acechó tu vida y te la quitó.
Hoy estoy seguro que nos volveremos a ver.
Podré volver a apretar tu delgada figura contra mi abultada humanidad. Sentiré nuevamente tus huesitos del cuello en los proyectos de masaje que te daba antes de irme a dormir.
Volveré a preguntarte si fuimos buenos padres y te hicimos lo más feliz que pudimos.
Ese día volveré a ser nuevamente e inmensamente feliz.
Cuán larga o no será mi espera. No lo sé, todo me parece mucho.
Yo sé, como dice mamá que estás con nosotros, alrededor de nosotros tres, viéndonos sufrir tu falta.
Nos compensás con todas las cosas compartidas y los recuerdos dejados. Con esa sonrisa inolvidable, con esos ojos luminosos de vida.
Todavía no me he atrevido a volverte a ver, salvo en fotos. En un tiempo no muy lejano comenzaré a repasar detenidamente todo lo que afortunadamente guardamos tuyo en movimiento, tu crecimiento junto a nosotros y a Dani, tu querida y querible hermana.
Se que mi corazón volverá a latir con mucha fuerza, pero enriquecido con imágenes que podrán dañar al principio, pero seguro dejarán tan vivos recuerdos que no me lastimarán.
Una vez más mi cielo, te tengo completamente viva en el recuerdo, pero te extraño, te extraño mucho, no me acostumbro a no tenerte con nosotros.
Los tres tratamos de llevar nuestras vidas para adelante. Con paso muy pausado para pensar que no te hemos dejado atrás. Te damos tiempo de acompañarnos, así es una forma de sentirnos un poco mejor.
Volveré algún día de estos, a tratar de poner por escrito más de mis sentimientos, tus recuerdos, nuestros recuerdos.
Hoy lo hice porque lo necesitaba, ya que sentía como un pesar muy profundo, que me oprimía en el medio del pecho.
Hasta luego mi Sole. Te querremos siempre.

Compartir en:

Deli.cio.us    Digg    reddit    Facebook    StumbleUpon    Newsvine